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Por Annie Moon
En memoria de Felipe Molinero Herce

4º capítulo: “Cuanto te he echado de menos”


Habían pasado varios meses, desde que el instituto comenzó. El Festival de Primavera llegaría pronto. La situación de Ann no había mejorado mucho, y sus investigaciones no habían dado bastantes frutos. Trunks y Gotten la invitaron muchas veces a salir a dar un paseo, pero ella siempre decía que no.
-Ann, ¡siempre nos dices qué no!-dijo Gotten.
-Es verdad, ¿qué te pasa?-preguntó Trunks.
-Es que...-no sabía si decir lo que ocurre a sus amigos. Si lo contaba a Gotten, tendría que revelarle su identidad. No quería arriesgarse.
-¿Tantas ganas tenéis de saberlo?
-Si-dijeron los dos.

La clase seguía con su habitual monotonía. La chica escribió algo en un papel, lo dobló, y lo puso en la cartera de Trunks. Él la vio.
-¿Qué es?
-Una nota. Si tantas ganas tienes de saber lo que me pasa, léela, tu solo.
-¡Trunks, Ann!, ¿se puede saber de que hablan? Si quieren asistir al Festival, compórtense bien en clase-Les gritó la profesora.
-Si señorita-dijo Trunks.
-Lo sentimos mucho-añadió Ann.
-Siéntese.

EN LA CORPORACIÓN CÁPSULA
(“Si tantas ganas tienes de saber lo que me pasa, léela, tu solo.”) Esas fueron las palabras de Ann. Trunks rebuscó en la cartera la nota. Estaba en el fondo, la sacó y empezó a leerla.
-“Si quieres saber el motivo, por el cual no me dejan salir, ves mañana al instituto media hora antes. Estaré en la azotea. Ann.”-no ponía nada más.
-El motivo por el cual no me dejan salir. ¿Qué quiere decir con eso?-se preguntó Trunks a si mismo.
 
 
 

EN LA HABITACIÓN DE ANN
La chica se encontraba en el balcón, trabajando con el ordenador portátil. Le faltaba poco para saber que era lo que su padre se traía entre manos, junto con la empresa Nakomi. De momento solo había descubierto algunos negocios, pero ninguno era ilegal. “¿Se habrá cansado mi padre de hacer actos impuros? Imposible”.Pensaba Ann mientras intentaba acceder al ordenador personal de su padre. Inserte contraseña. No la tenía, pero la intentó con algunos nombres, pero no le dejaban entrar. Tendría que acceder a la computadora desde el despacho de su padre. Llamaron a la puerta.
-¡Srta. Ann! La traigo la cena-gritó Nancy. Abrió la puerta y entró con una bandeja. Ann apagó el PC.
-Aquí tiene la comida.
-Gracias. Nancy, ¿esta ahora mi padre cenando?
-Si, Srta. ¿Pero para qué...?
-Nada, simple curiosidad. Puedes irte.
-Lo que usted diga, Srta.
Ese era el momento ideal para entrar en el despacho y mirar el ordenador. Pero el problema era la puerta. Cerrada. Ann echó un vistazo a su habitación.
-¡Claro, la ventana! No esta cerrada y puedo usar la técnica de volar.-Cogió un disquete y salió por la ventana. No tuvo ningún problema en llegar. Abrió la ventana y entró, pero antes se aseguró que no hubiera nadie. Despejado. Se sentó en la silla y encendió la computadora.
-Vamos a ver que tenéis padre-dijo para si misma.
Miró los primeros archivos. No revelaban nada de información útil. Vio una carpeta llamada, “importante”. La abrió. Solo había dos archivos. “Sr. Nakomi”...y “¡CORPORACIÓN CÁPSULA”.
-¿Qué significa esto?-Ann no tuvo más tiempo. Fuera, en el pasillo, se oían voces que se acercaban a  la habitación. Apagó la computadora y dejó todo como lo había dejado. Cuando iba a salir, se le cayó la cinta del pelo al suelo. No tuvo tiempo de recogerla. La puerta empezó a abrirse lentamente. Ann salió por la ventana, y se quedó al lado de ella, suspendida en el aire. Quería saber de quien eran esas voces. Una era la de su padre, de eso estaba segura, pero...¿y al otra? Tenía una pequeña idea, sin embargo... él había desaparecido después de que Jamine muriera. Su hermano Satoshi era el único que se llevaba bien con su padre. La conversación del Sr. Nimura y el hombre que le acompañaba, sacó a Ann de sus pensamientos.
-¿Por qué queréis hundir a esa empresa?-preguntó el hombre.
-Poco después de la muerte de tu madre, desapareciste Satoshi. Y ahora, al cabo de poco más de un año, apareces. Todavía no me has explicado el porque de tu huida.
(¡¡¿¿Satoshi??!! Mi hermano, es él. Me pregunto que habrá hecho todo este tiempo) Estos eran los pensamientos que rondaban por la cabeza de Ann.
-¿Qué es eso del suelo, padre?-preguntó, señalando al suelo. El Sr. Nimura se agachó y recogió el lazo. Él, al verlo, se enfadó. Ann soltó un “hups”. Satoshi se escondió detrás de la puerta.
-¡Nancy!-gritó malhumorado.
-Si señor, ¿q-qué desea?-la criada se asustó por los gritos del Sr.
-¿Dónde esta Ann?
-En su habitación.
-¿La puerta esta cerrada?
-Si señor, con llave.
-Quiero comprobarlo yo mismo. Acompáñame. Quiero ver si esta en su habitación, realmente.-Cuando Nancy y el Sr. Nimura salieron por la puerta, Satoshi dijo:
-Valla, con que sigue tan rebelde, jeje.
Ann voló rápido a su habitación. Entró y guardó el disquete dentro del cofre que le dio su madre. Cada vez que lo abría, este soltaba una dulce melodía. La chica desordenó un poco la mesa de estudios. Hizo como si hiciera rato que estudiaba. La manilla empezó a girar. Su padre entró, seguido de Nancy. Le miraba con una mirada fría y dura.
-Ann, ¿es tuyo este lazo?
-...
-Contéstame-exigió.
-...-Ann seguía sin contestar. Su padre le cogió del brazo.
-¡DIME, ¿HAS ESTADO HURGANDO EN MI DESPACHO?-a cada palabra que decía levantaba más la voz, y le apretaba más el brazo.
-¡PADRE, ME ESTAIS HACIENDO DAÑO!-dijo la chica, retorciéndose de dolor.
-¡PUES ENTONCES CONTESTA!, ¡HAS ESTADO EN MI DESPACHO, YA QUE ESTE LAZO ES TUYO, ¿VERDAD?!-le apretó con más fuerza. Nancy no aguantaba más lo que sus ojos veían.
-S-señor...-dijo la criada.
-¡¿No ves que estoy ocupado?!-gritó sin desviar la mirada.
-Ese lazo es mío.
-¡¿Qué?!
Luz, se abalanzó sobre él y le arañó en la cara.
-¡AAHH!-gimió y soltó el brazo de Ann.
-¡Maldito gato!, y tu Nancy, ¡¿por qué no lo habías dicho antes?!-gritó enfurecido.
-No sabía que se refería al lazo, puede que limpiando su despacho se me cayera y...
-Da igual, no quiero oír tus lamentables escusas.-y se fue de la habitación con la mano en la cara, sangrando.
-Gracias-dijo Ann-¿Por qué lo has hecho?
-No podía soportar que su padre la pegara. Digamos, que yo también pasé por eso cuando era una niña.-Nancy ayudó a Ann a incorporarse y le vendó el brazo. Lo tenía rojo e hinchado. Podría haber utilizado su magia, pero no podía usarla delante de la criada. Esa noche no pudo mirar lo que había grabado en el disquete. Pensó en mirarlo mañana.

A LA MAÑANA SIGUIENTE
Ann ya estaba en la azotea del instituto. Trunks llegó volando, sin que nadie le viese.
-Me has tenido preocupado toda la noche, desde que leí la nota.-dijo Trunks.
-Al menos hay alguien que se preocupa por mí-dijo la chica con cierta ironía.
-¡Ann, no me vengas ahora con bromas! Pusiste, “el motivo por el cual no me dejan salir”, ¿qué quisiste decir con eso?-preguntó preocupado.
-Mi padre, me prohibió salir.
-Buf... menos mal-suspiró Trunks.
-¡¿Menos mal?!, ¡¿Eso es lo único que sabes decir?!-Ann estaba desahogándose en el chico-Las veces que me hubiera gustado ir a pasear contigo y Gotten.-la chica se enfadó.
-Ann... yo solo quería decir... Gotten y yo pensábamos que te habías enfadado con nosotros, y por eso no comprendíamos tu comportamiento. Nos tenías preocupados a los dos, sobretodo a mí.-el chico de pelo lila estaba verdaderamente apenado. Ann se dio la vuelta al oír las últimas palabras de Trunks.
-Siento mucho haberles preocupado-dijo Ann finalmente, y se marchó al patio. Pronto entrarían a clase.
-Ann... soy yo quién se tiene que disculpar, no he sido sincero contigo.-y con estas palabras, Trunks abandonó el lugar y se dirigió al patio del instituto. Lo que los jóvenes ignoraban, era que una figura misteriosa, les miraba desde las sombras...

Nota de la autora: como bien pone arriba, este capítulo esta dedicado en memoria de Felipe Molinero Herce, antiguo director de mi escuela. Se lo dedico porque cuando escribo esto hace un año que murió (16/4/99). Un profesor estupendo, amado por todos los estudiantes del colegio. Todos le teníamos un gran aprecio y le queríamos. Él nos enseñó la “magia” de la enseñanza. Amante de la poesía, le dedico este poema de Rubén Darío, poeta favorito de Felipe.

Amar, amar, amar, amar siempre, con todo
el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo oscuro del lodo:
amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.

Y cuando la montaña de la vida
Nos sea dura y larga y alta y llena de abismos
Amar la inmensidad que es de amor encendida
¡y arder en la fusión de vuestros pechos mismos!

Rubén Darío
 

Avance del quinto capítulo:
-¿Por qué no participas, Ann? Podrías tocar el piano.
-Muy bien. Dentro de cinco días será el “Día de la Resurrección”, y para eso tendrás que conseguir el colgante y la chica...